lunes, junio 29, 2009

Estricnina.

Vamos. Empecemos todo de nuevo. Reconstruyamos el pasado, con la nueva forma del futuro.

Vamos. Reguemos los campos, salgamos de entre las sombras. Recordemos y añoremos. Dejemos atrás lo último, lo triste, lo aburrido y empecemos a volar.

Ven. Toma mi mano y déjame envolverte entre las mías. Suéltame. Libérame de mis prisiones de cristal y déjame llevarte conmigo a los paraisos eternos, discretos y amables de una locura pacífica, linda, amarga y sin sentido.

Ven. Libérate entre mis manos. Toma de mis labios el fruto dulce del amor, de las delicias de la vida, de la suavidad de mi inocencia, del rocío blanco de mis mejillas.

Ven. Déjame mostrarte los secretos oscuros y sencillos del amor, de la pasión de la locura viva que correrá entre nosotros. La calidez de tu corazón y el mío mezclándose en entramados ríos de pasión, de topacio y jerberas.

Pintemos, ahnelemos. Que sean figuras humanas y trazos de pasteles y telarañas las que dibuje sobre tu piel delicada, morena y humeante. Figuras, sombras, espejos que circulan y se contornean entre las líneas de tus brazos, tu vientre, tu pecho; que rodean y se van contigo y conmigo hacia una pequeña penumbra. Nuestra penumbra.

Ven. Siéntete tú, siénteme a mí. Siente mis besos bordeando los linderos de tus labios. Respírame y déjate llevar a la insalubre y pretenciosa felicidad que tengo preparada para ti. Retenme y vamos hacia un lugar,... cualquier lugar. Y ahí en medio de la noche tómame, haz de mi cuanto quieras.

Bébeme, sedúceme, necesítame.

Sé mi droga. Sé mi adicción.

martes, junio 09, 2009

Mary.

Algunos dias simplemente es necesario salir y presentarse sicotico, libre de complejos y cubierto de perfumes y aceites.

Algunos dias simplemente es necesario escribir.

Hola Barcelona.!

miércoles, mayo 06, 2009

Fanal.

La gente duerme, noctanbula hipnóticamente en medio de avenidas. Son sombras, algunos muertos y fantasmas. Algunos salen a la luz, otros se esconden y, en medio de luces eléctricas, aparecieron unos lindos ojos negros.

Sólo bésalos.

Siempre hay gente que cree en lo que lee, yo creo en lo que siento. (=

martes, abril 21, 2009

Bésalo.

Barcelona es algo así como x's. Si lo miras caminando por la calle básicamente sobre sale sólo porque es alto, muy alto. Yo, para el promedio de las personas que conozco, soy un poco más que la media, pero Barcelona se lleva las palmas con sus 198 centímetros de altura y pues, además de eso, no es muy guapo, ni muy carismático; más bien serio y poco interesante. Callado, tímido con los desconocidos y explosivo con los cercanos; lentes de pasta delgados, igual que el dueño; sincero y amante de los libros y los besos sabor mandarina.

Lo quiero, lo quiero mucho...

Hace casi un mes que por una u otra razón no habíamos podido platicar. El muy idiota no sale de su escuela y yo tengo que buscarlo, enredarme en sus asuntos; me he convertido en falsificante profesional de justificantes, permisos y mentiras sólo para poder saludarlo y regalarle alguna sonrisa. El fin de semana estuve a punto de verlo.

Hace casi un mes pensé en encontrármelo casualmente cerca de su casa,... o de su escuela,... o en el transporte público,... o con sus amigos,... o,... no importa; sólo quería encontrarlo. Así que el fin de semana, durante las vacaciones, quise saludarlo. Sí, de "casualidad", en aquella fiesta dónde casualmente él iba a estar.

Todo estaba planeado. Casualmente me sentaría junto a sus amigos (que por necesidad se han convertido en mis amigos... sin comentarios...); casualmente platicaría de ese último libro que él ama (tardé tres días enteros en leerlo y entenderlo de pe a pa... también sin comentarios....); casualmente un amigo me acompañaría y casualmente nos diría lo bien que nos vemos juntos; pediría disculpas por no haberle buscado durante un mes (quizá un poco más...); y finalmente bailaríamos su canción favorita (que tardé dos semanas en aprender a bailar,...) culminando con un suave beso. ¡Todo era perfecto! Las diferentes posibilidades estaban perfectamente contempladas: ¿Y si no tocan la canción? ¿Y si no podemos platicar de aquel último libro? ¿Y si no puedo sentarme junto a él? ¿Y si sus (mis) amigos no me recordaban?... ¿Y si llovía? ¿Y si hacía calor?... ¡No importa! Todo estaba contemplado, excepto una cosa.

Y ahí queda la lección final. El primero de todos los posibles caminos que uno debe contemplar en esas situaciones debe ser: ¿Y qué pasa si Barcelona no llega?

Quizá, de haber contemplado esa situación, hoy no estaría escribiendo esto. Lección aprendida :'(

¿Dónde estarás Barcelona?

jueves, abril 09, 2009

Carta a Barcelona.

¿Cuál es el ingrediente que falta? ¿Cuál es el punto medio que no supimos alcanzar? ¿Dónde se quedó ese toque de "magia", la fusión justa entre ambos? Diría el maestro Búnbury "la chispa adecuada"...^_^ ¿En qué momento no supe encontrarte? ¿Qué fue de ese detalle? Aquel sentimiento que es capaz de equilibrar el miedo y la pasión, la locura y el desenfreno. Amor.

Aún hoy, durante las noches sigo soñando, dando vueltas tendido sobre mi cama. Recordando (no porque quiera, sino porque mi cuerpo me lo reclama) el color de tus manos, el aroma de tu piel, el roce de tu cabello, la calidez del último abrazo, tus labios y sigo sonándote; sudando, temblando, temiendo y suplicando que estuvieras aquí. Y tal parece que mi cuerpo es incapaz de entender y durante las noches sigue buscando entre las sábanas, tratando de aferrarse al último resquicio de una mente simple que no sabe (o no quiere) olvidar. De nuevo, durante la noche, mi cuerpo caé en el vacío de un cuarto lleno de nada. De nuevo llega el terror nocurto, el muerto, los súcubos, la psicosis; palabras que no sólo ocultan la verdadera razón de mi evidente incapacidad, sino que tratan de ser una vieja forma de ocultar esa última palabra que describiría no sólo cientos de líneas, palabras e incoherencias, sino que describirían exáctamente lo que siento. Amor.

"Que bonito es el amor"... decía Jarabe de palo.

Barcelona, sigo pidiendo que te encuentres bien.

jueves, marzo 26, 2009

Pavo.

Cuando pienso (cuando pienso...) en las diferentes formas en que me he ido desenvolviendo estos últimos años tampoco puedo dejar de pensar en mis amigos, hermanos, familia y personas amadas.

Y pues ahí está, uno de esos irremediables efectos de "crecer" es que poco a poco se hace más difícil convivir con los cuates, amigos, familiares y personas amadas; sin embargo, y gracias a Dios, aún existen ángeles en la tierra. Sí, de aquellas personas que te encuentras en el autobús, mercados, tiendas o tranporte público, que parece que Dios te ponen en el camino para salvarte la vida, o más mundanamente que te pueden alegrar el día con un simple saludo. "Hola, cómo estás" y me es suficiente para volver a este mundo luego de un pequeño viaje mental y posar de nuevo mis piés sobre la tierra. ¡Que lindos son los ángeles!, aunque casi siempre se encuentren con un pequeño diablo a quién le es difícil encontrar el camino de regreso a este planeta :P

martes, marzo 24, 2009

Selene.

Aquel ser, impenetrable, sólido y deambulatorio se movía entre el pasto y los arbustos de mi viejo patio. Daba un paso mirando hacia todos lados, se detenía y volvía a mirar. Al principio pensé que era un sueño o uno de esos monstruos que suelen vagar en las noches por los lugares desolados, así que no le presté mucha importancia; sin embargo, y a diferencia de los monstruos nocturnos, este ser dio un par de vueltas, reconociendo, olfateando buscando algo entre las plantas y mi jardín y, entre la noche, pude escuchar leves suspiros y sonrisas.

La sombra en cuestión pronto tomó forma de un pequeño humano como aquellos que suelen caminar por las calles a medio día formando hileras de interminables paraguas y vestidos negros, pero este humano era algo diferente a lo que yo me había acostumbrado ver.

La noche seguía reinando pero faltaban pocas horas para que el Sol marcara el inicio de un nuevo día. Mi sueño había sido interrumpido por los constantes movimientos y sonidos de una pequeña niña de lindos ojos marrón y pequeño vestido amarillo que entre la noche vagaba por mi jardín. Aquella pequeña sombra amarilla y marrón, luego de meditar y asegurarse que todo estaba en orden dio un pequeño salto hacia mi árbol, trepó como un pequeño gato entre las ramas y subió ligeramente entre hojas y espinas hasta llegar lo más alto que pudo. La última rama estaba a unos pocos centímetros de mi edificio y la pequeña niña finalizó su recorrido con un gracioso salto hasta uno de los balcones del viejo edificio abandonado. Con un elegante movimiento tomó asiento en el borde de aquel balcón, sacó de una bolsa que colgaba a su costado unos binoculares negros que estaban sujetos por una cuerda negra de cuero, los limpió y se aseguró que no habían sufrido daño alguno en aquel subir de árbol. Cuando se asomó por ellos miró el árbol y luego miró justo hacia donde yo estaba; pareció mirarme un poco y luego siguió mirando hasta enfocar su vista en el cielo de aquella madrugada de invierno.

Pasaron unos instantes, unos cuantos suspiros y luego volteó un poco más arriba y empezó a examinar el cielo nocturo. A diferencia de lo que se podría pensar de una niña sentada en medio de la noche, ella no parecía lucir cansada, o extrañada, es más, lucía más bien despreocupada y muy tranquila. Situada a pocos metros de mi hogar, ella parecía tararear una pequeña melodía; suave, hipnótica levemente iba inundándome con un pequeño supor.

-¡Hola!- dijo ella, al parecer, dirigiéndose hacia el cielo, o el aire o a alguién sentando junto a ella y yo un poco hipnotizado aún sólo pude voltear un poco la mirada hacia un lado suyo, arriba y abajo y no logré encontrar a nadie más.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- dijo ella luego de un instante.

Fue una situación muy rara. Nunca antes había escuchado hablar a un humano. La mayor parte del tiempo sólo corren por la banquetas o conducen sus autos en medio de avenidas yendo de aquí para allá, al parecer, sin sentido alguno. Algunas ocasiones he podido mirar a algunos humanos hablando, comiendo y dejando migajas y restos de comida que son los alimentos que salgo a buscar en las mañanas. A pesar de haberlos conocido hace mucho tiempo, sus voces son más bien una mezcla de sonidos guturales y gruñidos que sólo ellos parecen entender. Mi padre decía que los humanos eran los seres más tristes de todos los que habían sobre la tierra; no sabían cantar y no podían volar, así nunca supe nada de ellos hasta esa noche.

-¿Qué pasa, no sabes hablar?- la pequeña niña dejó de mirar por sus binoculares, los colocó junto a ella y luego miró hacia mí.

-Mi nombre es Selene- murmuró ella - y tú... ¿cómo te llamas?- me preguntó y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

-¿Mi nombre? - qué era un nombre -... no lo sé. - dije, y entonces el silenció gobernó sobre mí.